Israel, una causa que aúna a tirios y troyanos

Con motivo de las polémicas elecciones catalanas, varios debates en Twitter me han servido como efecto disparador para escribir sobre las afinidades de los sectores políticos españoles hacia Israel.

El término pro Israel se lo han adjudicado tirios y troyanos en los distintos espectros del panorama político. Es un término que puede conducir a actitudes panfletrias e incluso infantiles, pero definamos que pro Israel es aquel que apoya de forma vehemente el derecho de Israel a existir y a defenderse, considera que Israel tiene razón en el conflicto con los palestinos, y además, se enorgullece de los logros de Israel en todos los ámbitos.

Históricamente, los de  izquierdas han sido pro Israel por el nacimiento socialista del Estado judío, sus conquistas sociales y su epopeya fundacional tras el Holocausto. Los de derechas, desde el 11-S sobre todo, consideran a Israel un pedazo de Occidente, en donde reina la libertad individual frente a sus totalitarios vecinos  y  además es una economía basada en el emprendimiento que crece sin parar,  y los nacionalistas catalanes, gallegos o vascos,  por su parte -reunidos en 2011 en un manifiesto contra el boicot a Israel- han visto en el sionismo un ejemplo a seguir,  un proyecto ideal a imitar y un movimiento también nacionalista que, en suma, ha tenido éxito.

Cada uno coge lo que quiere y todo encaja. Por un lado, esto demuestra que auto calificarse como pro Israel, o admirar a Israel, no tiene por qué ser patrimonio de ninguna bandera política. Es un activismo puramente transversal, porque si bien Israel no es un partido político o un equipo de fútbol, es cierto que representa una causa que se ha asociado a gente de muy variado pelaje ideológico. Como un ejemplo paradigmático de este popurrí, ahí está el célebre libro coral  “En defensa de Israel” .

En el plano internacional, desde el filósofo izquierdista Jean Paul Sartre declarando su apoyo público a Israel en la guerra del Yom Kippur hasta el político islamófobo Geert Wilders que vivó en tierras israelíes dos años , y en España, pasando por Carod Rovira o José María Aznar, todos los que han admirado o han visto con simpatía la consecución del sueño sionista han seleccionado qué es lo que les hace ser defensores de Israel para adecuarlo a su ideario político.

Ciertamente, la defensa de Israel ha  juntado a personajes que, políticamente, están en las antípodas ¿Qué pueden tener en común, por ejemplo, César Vidal y Pilar Rahola, ideológicamente hablando?

Una de las razones por las que amantes y detractores se lancen al cuello como fieras en cuanto algo pasa en Oriente Medio es que la existencia y legitimidad de Israel, después de 64 años, aún está en cuestión. Es una partida inacabada, con incertidumbre en su resultado, y por ello, una causa que aúna a personas pertenecientes a distintos enfoques políticos e ideológicos.

Si Israel, de lo contrario, tuviera su legitimidad consolidada -entre otras cosas y resolución del conflicto mediante- hablar de pro israelíes sería un debate vacío de contenido. Israel sería ya un país normalizado y sin peligro de desaparecer y las afinidades y simpatías quedarían relegadas a un segundo plano.

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Archivado bajo España, Israel, Política

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