Bibi está demostrando que es un buen líder

El 5 de diciembre Roger  Cohen escribía en su columna del New York Times un duro artículo en donde criticaba un intento de spot publicitario del gobierno israelí en el cual se incitaba a  los residentes israelíes a volver a Israel y en donde  se mostraba a EE UU como un país en donde la identidad judía se pierde y el matrimonio mixto es una amenaza. No ha tenido repercusión en España, apenas en toda Europa, pero en la Comunidad Judía estadounidense ha sido un boom. Jewish Federations of North America criticó ferozmente la campaña y el gobierno israelí ha reculado en tiempo récord.  Jeffrey Goldberg, columnista de The Atlantic y una eminente voz proisraelí en EE UU, fue quien destapó la intentona publicitaria del Ministerio de Absorción del Estado de Israel.  Sin embargo, en su columna, Cohen aprovechaba este asunto,  una vez más, como pretexto para criticar de forma implacable al gobierno de Netanyahu, el cual no tiene muy buena prensa en los círculos liberales -en sentido anglosajón, es decir, de izquierdas- estadounidenses.

No obstante, Benjamín Netanyahu no lo está haciendo tan mal.

El poder cambia

Benjamín Netanyahu, conocido en todo Israel como “Bibi” -en Start Up Nation nos explican que es muy común que todos los israelíes tengan un diminutivo, mote o sobrenombre- es un líder distinto al que gobernó Israel desde 1996 a 1999. También es un líder distinto al que hizo oposición durante los diez años siguientes y ocupó la cartera de Economía en el gobierno de Ariel Sharon. El cambio de rumbo,  la moderación del discurso o el pragmatismo son actitudes muy frecuentes que adoptan los políticos cuando toman el poder. En Israel también ocurre. Los  ejemplos paradigmáticos se encuentran en la derecha:  Menahem Begin y Ariel Sharon. Sin embargo, no existe un cálculo exacto que asegure que dicha actitud garantice la gloria. Ni la ruina. Quizás, para explicar este fenómeno, tengamos que acudir a la cita de Lincoln: si queréis probar el caracter de un hombre, dadle poder.

Ha sido un año ajetreado para el premier israelí

Bibi ha encarado y está encarando varias crisis políticas y sociales dentro y fuera de Israel sobre todo durante el último año. La oferta de Mahmud Abbas en la ONU para reconocer unilaterlamente a Palestina como Estado en las fronteras anteriores a 1967 y su efecto secundario en la UNESCO, las protestas masivas en Israel por el alto coste de vida, la liberación de Gilad Shalit, el intento por parte de miembros de su gobierno de aprobar leyes que atentan contra la división de poderes y la libertad de expresión o la amenaza nuclear de Irán han sido desafíos que Bibi ha afrontado con determinación y trabajo.

Su discurso en la Asamblea General fue muy bien recibido por los ciudadanos israelíes en general y fue una respuesta comedida y sensata ante la ofensiva diplomática del presidente Abbas. Recordó al mundo que todos los primeros ministros israelíes han estado dispuestos a negociar para alcanzar la paz, y expuso que él y su gobierno están a favor de una solución de dos estados, pero no en la forma propuesta por el presidente de la ANP (aquí escribí varias razones en contra de esta iniciativa) Incluso Bibi ofreció la vuelta a las negociaciones sin condiciones previas al presidente palestino antes de que este presentara su propuesta, pero Abbas ya estaba encarrilado en su pulso a la ONU y desoyó a Netanyahu.

Su respuesta al sí de la UNESCO a reconocer a Palestina como Estado independiente dentro de las fronteras anteriores a 1967 fue contundente: cancelar su contribución a la organización internacional. Bibi ha dejado claro desde el principio que no va a tolerar intentos de deslegitimación del Estado de Israel y así hizo la UNESCO. Otorgarle a Palestina el status de Estado sin serlo formalmente, sin poseer los elementos necesarios para ello y sin estar reconocido internacionalmente es una afrenta a Israel y una intromisión, decantándose por uno de los dos bandos, en el conflicto.

Respecto a las protestas masivas en Israel, que reunieron en Tel Aviv  la mayor manifestación de la historia del  país por una causa ajena al conflicto, Bibi capeó bien el temporal. Se bajaron los precios en la alimentación, y creó una comisión para atender y estudiar las demandas de los manifestantes. Yo acudí a una de tantas concentraciones, a principios de Septiembre, en frente de la residencia del Primer Ministro, en el barrio de Rehavia,  y tuve ocasión de hablar con varios ciudadanos sobre sus demandas. Con todos los que hablé tenían un puesto de trabajo estable, el problema es que sus sueldos son bajos y el coste de vida alto.

Gilad Shalit: promesa cumplida

Bibi también resolvió un asunto pendiente para toda la sociedad israelí: la liberación de Gilad Shalit. El soldado franco-israelí secuestrado hace cinco años por el grupo terrorista Hamas. Gilad era un hijo, un hermano, un novio, un amigo… no sólo para los israelíes, sino para la mayoría de los judíos en todo el mundo. Los padres de Shalit y muchas organizaciones privadas llevaron a cabo durante cinco años una campaña incesante para que el soldado no cayera en el olvido y no le sucediera lo mismo que a Ron Arad. El acuerdo al que se llegó con Hamas fue una cesión al chantaje de los terroristas, sí. Pero es que esta es la debilidad de Israel. Por eso la primera regla del ejército israelí es no dejar, nunca, atrás a un soldado, vivo o muerto. Por eso, también, uno de los mandatos más claros de la Torah es Col Israel arebim se la se: Cada miembro del pueblo de Israel es responsable de cada uno. Fue una decisión dificil y no pocos se sintieron identificados con los familiares de las víctimas que vieron como los 200 condenados a cadena perpetua por delitos de sangre eran recibidos como héroes en Gaza y Cisjordania.

Leyes polémicas

Como es común en la formación de gobiernos en Israel, los partidos minoritarios son necesarios para formar coalición y por ello siempre ocupan carteras en el ejecutivo. Partidos como el religioso Shas o el nacionalista Israel Beteinu, liderado por el canciller Avigdor Lieberman, han puesto en aprietos a Bibi en varias ocasiones. Dos leyes especialmente polémicas: Una para congelar los fondos extranjeros a las ONG’s críticas con Israel y otra que buscaba una fuerte interferencia del poder político en la Corte Suprema de Israel. Las dos no han salido adelante afortunadamente. Abraham Foxman, el director de la Liga Anti-Difamación, escribió un interesante artículo sobre este tipo de leyes que, de aprobarse, minarían principios democráticos de Israel.

Obama y Sarkozy no pueden con él

Además, Bibi protagonizó el micrófono abierto entre Sarkozy y Obama hace escasamente un mes en la cumbre del G-20 en Cannes. Sarkozy confesó a Obama que estaba harto de Netanyahu, que es un mentiroso, y Obama, lejos de defender al premier israelí, o al menos calmar al mandatario francés, se compadecía respondiendo que tiene que lidiar con él todos los días. Sarkozy, apenas 48 horas después, pidió disculpas. Independientemente del análisis diplomático o estratégico, muchos israelíes se habrán regocijado, como gorilas dándose golpes en el pecho, al ver como su jefe de gobierno tiene desesperados a los dos mandatarios más poderosos del mundo y no cede ante ellos. Teniendo en cuenta que la extensión de Israel es como la región de Murcia, y que Francia y EE UU son potencias económicas, militares, territoriales y económicas, la situación resulta hasta heroica.

Benjamín Netanyahu no resulta simpático fuera de Israel, ni tampoco para sus detractores dentro de casa. Ni si quiera congenia con miembros dentro de su gabinete.  Si bien es cierto que un Primer Ministro israelí siempre tiene una agenda bastante cargada, Netanyahu está demostrando ser el líder que Israel requiere ahora.

1 comentario

Archivado bajo Conflicto, Gobierno, Israel, Liderazgo, ONU, Sociedad israelí

Una respuesta a “Bibi está demostrando que es un buen líder

  1. Enhorabuena por tu nuevo blog, Eli!

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