El presidente de Israel, Simón Peres, le ha dado una espera a Bibi de dos semanas más para formar gobierno. Tenía 45 días y desde el 22 de enero por ahora lo único claro es que Netanyahu quiere que Shas esté en el gobierno de coalición -redundancia: en Israel todos han sido de coalición.
Tras la noche electoral del 22 de enero una nueva era ha comenzado en Israel, y los rostros de dicho cambio son Yair Lapid y Naftalí Bennett, quienes han hecho piña y han dejando una cosa bien clara: se les acabó el chollo a los ultraortodoxos. Lapid ya ha dicho que no los quiere en el próximo gobierno y Bennett ha llevado a rajatabla su promesa electoral de que los ultraortodoxos hagan el servicio militar. Los miembros del nuevo gabinete van a tener como una de las principales tareas la renovación de la Ley Tal. Inexorablemente, Israel va a cambiar su estructura social en los próximos años, y dichos cambios prometen dramáticos.
Bibi ha insistido que, los ultraortodoxos, representados en la rama sefardí por Shas y en la rama ashkenazí por United Tora Judaism, están dispuestos a aceptar las demandas que les hace la sociedad, por medio de Lapid y Bennett, de terminar con sus privilegios en el plano militar. Bibi les defiende, porque Shas es el Israel al que Bibi pertenece. Shas y Netanyahu son parte del mismo establishment, y pese a sus diferencias, están asustados porque un nuevo liderazgo viene a cambiarlo todo. De entrada, el premier en funciones está sometido a unas duras negociaciones que aún no le han permitido formar un gobierno, con la amenaza permanente de la repetición de elecciones y la inevitable derrota de Netanyahu, que le mandaría de vuelta a su residencia de Cesarea a escribir libros y a no completar su misión en la historia.
Incluso antes de formar gobierno, Lapid y Bennett ya tienen arrinconado a Bibi. Si el gobierno entrante consigue aguantar estable, es porque Netanyahu se ha plegado a las exigencias de los nuevos líderes. Así las cosas, Bibi debería percatarse de que un cambio se aproxima, de lo contrario puede que él mismo se haga la cama y allane el camino a Yair Lapid y a Naftalí Bennett, los cuales han llegado para quedarse.

